GÒTICS NEWS XVI

Una temporada más

En los últimos años cuando acaba una temporada empieza a ser recurrente que me hagan una pregunta: ¿Jugarás el año que viene? Supongo que los demás ven cosas que tú no eres capaz de ver porque las primeras veces te resulta molesto. Después, uno se acostumbra, como a todo.

Podría cargarme de razones para argumentar por qué he decidido seguir jugando, pero lo cierto es que no hay nada racional que lo motive. Sigo jugando porque siento que puedo seguir jugando.

El caso es que a partir de los treinta y cinco años la Federación Española de Rugby obliga a superar un reconocimiento médico con prueba de esfuerzo… Y yo tengo cuarenta.

A finales de verano hubo una doctora que tuvo el placer de verme corriendo embutido en una malla trasparente que sujetaba unos electrodos. La estampa no tenía precio. Aun así tuve que pagar. El veredicto fue favorable. “Capacidad funcional por encima de la media de los deportistas de su edad”.

Sinceramente, creo que podría haberse ahorrado el final de la frase. Teniendo en cuenta que él informe incluye mi fecha de nacimiento es redundante y de mal gusto.

 

Un mes y catorce puntos de sutura después, jugué mi primer partido de pretemporada. Un desastre. Perdimos por más cuarenta puntos. Y el caso es que disfruté de cada minuto. A mi edad, si no disfrutas de cada minuto que estás en el campo es señal de que debes dejarlo. El rugby ya no es para ti.

 

Caigo en la cuenta de que acabo de cometer el mismo error que la doctora. Da igual la edad. Si no disfrutas de cada minuto que estás en el campo es señal de que debes dejarlo. El rugby no es para ti.

 

Disfrutar se puede disfrutar de muchas formas. Todo el que ha estado en una melé sabe que cuando el árbitro canta empieza el sufrimiento. Pero cuando dominas a tu contrario, cuando percibes en su huidiza mirada que está deseando que termine su sufrimiento, cuando le clavas el hombro en la espalda y le retuerces el brazo, cuando notas que empieza a ceder terreno, a veces solo unos centímetros(las más), y otras unos cuantos metros(las menos), es en esos instantes cuando el disfrute se abre paso. Y no digo que el sufrimiento cese. No, en esos momentos se sufre, y mucho. Pero disfrutas de tu pequeño triunfo, disfrutas de cada centímetro avanzado y sí, disfrutas porque estás dando una lección a un chaval que se pensaba muy fuerte y muy duro. Lo siento chaval. Espero que seas de los que disfrutan sufriendo, porque hoy toca sufrir.

¿He dicho que tengo cuarenta años? Eso significa que empecé a jugar hace veintidós. Tuve buenos maestros. Me inculcaron los famosos valores del rugby. Disciplina, Respeto, Integridad, Pasión y Solidaridad. Estos valores están íntimamente ligados al rugby, no como cerveza y jarra, sino como alcohol y cerveza.

Mucho ha llovido desde que empecé a jugar y mucho ha cambiado este deporte desde entonces. El reglamento va cambiando cada año, pero estos cambios los sumimos sin grandes aspavientos. Alguna broma, algún debate y patada a seguir.

Hay otro tipo de cambios que llevo peor. Algunas cosas que para mí eran sagradas hoy se empiezan a desdibujar. En el rugby que aprendí la palabra del capitán era ley. A nadie se le ocurría cuestionar una alineación y nadie pedía explicaciones si se quedaba fuera del quince titular. Rara vez había un conato de frustración que degenerase en la recriminación aun compañero, y si esto ocurría era cortado de raíz por el capitán.

Es evidente que cuando tus compañeros de vestuario están más cerca de la edad de tus hijos que de la tuya la perspectiva es muy diferente.

Pero me niego a creer en la posibilidad de que exista un rugby en el que la falta de respeto sea la norma. No me resigno a ser parte de un deporte en el que la disciplina no tenga valor.
Tengo un compañero mucho más joven que yo, como casi todos, que siempre que jugamos juntos cuando termina el partido me dice: Gracias Fran por dejarnos jugar contigo.
Yo le agradezco que me dejen jugar con ellos.
Por supuesto hay algo de ritual ahí, pero creo que sus palabras son sinceras. Desde luego las mías lo son.

No todo está perdido.

Espero que más tarde que pronto, cuando termine una temporada y decida colgar las botas, sea porque siento que ya no puedo seguir jugando. Espero que cuando llegue ese día todavía pueda reconocer este deporte y pueda seguir estando orgulloso de haber formado parte de él.

 

Firmado:

Francisco Ligero  Montealegre “FRAN”